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La vida cotidiana requiere un adecuado equilibrio alimenticio,
equilibrio que debe ser observado con mayor atención cuando además se desarrolla
una actividad deportiva de forma habitual. Para la mayoría de las personas aunque
practiquen una actividad deportiva, no es necesario adoptar precauciones especiales
en la alimentación más que cuidar que esté equilibrada y la aportación calórica
esté dentro de los límites considerados normales. Únicamente en el caso de personas
sometidas a un gran esfuerzo físico bien por razones de su trabajo o por ser practicantes
de un deporte de alto nivel, las exigencias alimenticias pueden variar sustancialmente
respecto a la dieta considerada normal.
El equilibrio alimenticio se basa en general, en una proporción
entre carbohidratos grasas y proteínas de 55-60% de carbohidratos, menos del 30%
de grasas (y menos de un 10% de saturadas) y de un 10-15% de proteínas. No obstante,
estos nutrientes no son únicamente los que el organismo necesita, también hace falta
que estén presentes en la dieta determinados minerales, vitaminas y el agua.
Los carbohidratos (COH) y las grasas son los combustibles
que son metabolizados por vía oxidativa en el músculo para proporcionar la energía
necesaria para la resíntesis del ATP durante el ejercicio de resistencia. La proporción
correspondiente al consumo de grasas o de carbohidratos está en función de la duración
e intensidad del ejercicio. El ejercicio de resistencia está limitado por la capacidad
de la reserva de carbohidratos (unos 90 minutos) y por su intensidad (65-75% VO2
máx). Entre estos límites se desarrollan la mayor parte de entrenamientos y competiciones
de resistencia.
Carbohidratos
Estos compuestos están formados por carbono, hidrógeno y oxígeno.
Estos dos últimos elementos se encuentran en los glúcidos en la misma proporción
que en el agua, de ahí su nombre clásico de hidratos de carbono, aunque su composición
y propiedades no corresponde en absoluto con esta definición.
La principal función de los glúcidos es aportar energía al
organismo, el cerebro y el sistema nervioso solamente utilizan glucosa para obtener
energía.
Son los componentes fundamentales de la dieta del hombre.
Están presentes en los cereales, las legumbres, las patatas, etc. Son los materiales
de reserva energética de los vegetales, que almacenan en sus tejidos o semillas
con objeto de disponer de energía en los momentos críticos, como el de la germinación.
Los azúcares caracterizan por su sabor dulce. Pueden ser azúcares
sencillos (monosacáridos) o complejos
(disacáridos). Están presentes en las frutas (fructosa), leche (lactosa), azúcar
blanco (sacarosa), miel (glucosa+fructosa), etc.
Los azúcares simples
o monosacáridos:
glucosa, fructosa y galactosa
se absorben en el intestino sin necesidad de digestión previa, por lo que son una
fuente muy rápida de energía. Los azúcares complejos deben ser transformados en
azúcares sencillos para ser asimilados.
El más común y abundante de los monosacáridos
es la glucosa. Es el principal nutriente de las células del cuerpo humano
a las que llega a través de la sangre. No suele encontrarse en los alimentos en
estado libre, salvo en la miel y algunas frutas, sino que suele formar parte de
cadenas de almidón o disacáridos.
Entre los azúcares complejos
o disacáridos, destaca
la sacarosa (componente principal
del azúcar de caña o de la remolacha azucarera) que está formada por una molécula
de glucosa y otra de fructosa.
Las reservas
de glúcidos: el glucógeno
Prácticamente la totalidad de los glúcidos que consumimos
son transformados en glucosa y absorbidos por el intestino. Posteriormente pasan
al hígado donde son transformados a glucógeno,
que es una sustancia de reserva de energía para ser usada en los períodos en que
no hay glucosa disponible (entre comidas). Según se va necesitando, el glucógeno
se convierte en glucosa, que pasa a la sangre para ser utilizada en los diferentes
tejidos. También se almacena glucógeno en los músculos, pero esta reserva de energía
sólo se utiliza para producir energía en el propio músculo ante situaciones que
requieran una rápida e intensa actividad muscular (situaciones de huida o defensa).
El glucógeno se almacena hasta una cantidad máxima de unos
100 g
en el hígado y unos
200 g
en los músculos. Si se alcanza este límite, el exceso de glucosa en la sangre se
transforma en grasa y se acumula en el tejido adiposo como reserva energética a
largo plazo.
¿Qué efectos se pretende conseguir con el entrenamiento?:
Por una parte aumentar las reservas de carbohidratos, con lo cual se puede alargar
la duración del esfuerzo sin llegar a la fatiga y por otra parte mejorar la eficiencia
de la vía aeróbica, haciendo posible conseguir mayores intensidades de esfuerzo
sin que la incidencia de la utilización de los carbohidratos por vía anaeróbica
adquiera un grado que nos impida proseguir el esfuerzo.
Pero, ¿qué sucede en esfuerzos de duración mayor de 90 minutos?.
La intensidad ya no puede ser tan alta y entonces la proporción del consumo de grasas
adquiere más relevancia en la contribución final al rendimiento. En este caso estamos
hablando de deportes como maratón, ciclismo de carretera, triatlón, esquí de fondo,
montañismo, etc. Como las reservas de grasas son prácticamente inagotables, los
efectos del entrenamiento se traducen en que aumenta el porcentaje de utilización
de ácidos grasos como fuente de energía frente a los carbohidratos y a una intensidad
más alta de esfuerzo.
Dado que para poder utilizar los ácidos grasos es necesaria
la presencia de carbohidratos en cantidades suficientes, la alimentación debe ir
enfocada fundamentalmente a conseguir unas reservas óptimas de carbohidratos y a
su reposición durante el esfuerzo. Además hay que reponer agua. La reposición de
otros nutrientes, minerales, etc., se puede hacer después de la actividad. Si tenemos
en cuenta que la energía obtenida a partir de los ácidos grasos es unas 4 veces
superior (por molécula) (o 1.3 veces superior si nos referimos por molécula de carbono
en un de los dos componentes) vemos, unido a la capacidad inagotable de sus reservas,
la gran importancia que tiene la utilización de grasas como combustible. Pero todo
tiene sus inconvenientes, la oxidación de una molécula de glucosa necesita un 77%
menos de O2 que la de una molécula de ácido esteárico. Es decir, durante
el ejercicio de resistencia, la utilización de los carbohidratos produce menos estrés
respiratorio que la utilización de las grasas. Probablemente sea por eso que cuando
se llega a niveles altos de consumo de oxígeno se inhibe gradualmente la utilización
de las grasas en favor de los carbohidratos.
Parece ser que un deportista de resistencia debe consumir
en torno a un 60% de su ingesta total de calorías en forma de carbohidratos, los
días anteriores a la competición debe aumentar a un 70% para aumentar las reservas.
Esto se traduce en unas necesidades de unos 7-10 gCOH/K. Además, debe reponerse
durante la competición, y sobre todo, lo más rápidamente posible al término de la
competición.
Grasas
Al igual que los glúcidos, las grasas se utilizan en su mayor
parte para aportar energía al organismo, pero también son imprescindibles para otras
funciones como la absorción de algunas vitaminas (las liposolubles), la síntesis
de hormonas y como material aislante y de relleno de órganos internos. También forman
parte de la membranas celulares y de las vainas que envuelven los nervios.
Están presentes en los aceites vegetales (oliva, maíz, girasol,
cacahuete, etc.), que son ricos en ácidos grasos insaturados, y en las grasas animales
(tocino, mantequilla, manteca de cerdo, etc.), ricas en ácidos grasos saturados.
Las grasas de los pescados contienen mayoritariamente ácidos grasos insaturados.
Necesidades
diarias de lípidos
Se recomienda que las grasas de la dieta aporten entre un
20 y un 30 % de las necesidades energéticas diarias. Pero nuestro organismo no hace
el mismo uso de los diferentes tipos de grasa, por lo que este 30 % deberá estar
compuesto por un 10 % de grasas saturadas (grasa de origen animal), un 5 % de grasas
insaturadas (aceite de oliva) y un 5 % de grasas poliinsaturadas (aceites de semillas
y frutos secos). como suele ser el caso, si consumimos grandes cantidades de grasa
de origen animal), aumentamos el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares
como la arteriosclerosis, los infartos de miocardio o las embolias.
Proteínas
Las proteínas son los materiales que desempeñan un mayor número
de funciones en las células de todos los seres vivos. Por un lado, forman parte
de la estructura básica de los tejidos (músculos, tendones, piel, uñas, etc.) y,
por otro, desempeñan funciones metabólicas y reguladoras (asimilación de nutrientes,
transporte de oxígeno y de grasas en la sangre, inactivación de materiales tóxicos
o peligrosos, etc.). También son los elementos que definen la identidad de cada
ser vivo, ya que son la base de la estructura del código genético (ADN) y de los
sistemas de reconocimiento de organismos extraños en el sistema inmunitario.
En la dieta se puede distinguir entre proteínas de origen
vegetal o de origen animal. Las proteínas de origen animal están presentes en las
carnes, pescados, aves, huevos y productos lácteos en general. Las de origen vegetal
se pueden encontrar abundantemente en los frutos secos, la soja, las legumbres,
los champiñones y los cereales completos (con germen). Las proteínas de origen vegetal,
tomadas en conjunto, son menos complejas que las de origen animal.
Necesidades
diarias de proteínas
La cantidad de proteínas que se requieren cada día es un tema
controvertido, puesto que depende de muchos factores. Depende de la edad, ya que
en el período de crecimiento las necesidades son doble o incluso triple que para
un adulto, y del estado de salud de nuestro intestino y nuestros riñones, que pueden
hacer variar el grado de asimilación o las pérdidas de nitrógeno por las heces y
la orina. También depende del valor biológico de las proteínas que se consuman,
aunque en general, todas las recomendaciones siempre se refieren a proteínas de
alto valor biológico. Si no lo son, las necesidades serán aún mayores.
En general, se recomiendan unos
40 a
60 gr. de proteínas al día para un adulto sano.
La Organización Mundial
de
la Salud
y las RDA USA recomiendan un valor de 0,8 gr. por kilogramo de peso y día.
Si los deportistas de resistencia necesitan más cantidad de
proteínas que las personas sedentarias, probablemente es debido a tener que reponer
la pérdida de aminoácidos oxidados durante el ejercicio y reparar el daño muscular
producido, sobre todo en esfuerzos con una elevada componente excéntrica. Los estudios
más recientes concluyen en que las cantidades de proteínas recomendadas para individuos
implicados en deportes de resistencia es de
1.2 a
1.4 g/K y día.
Suplementos
de vitaminas y minerales
La ingesta de suplementos de vitaminas y minerales, (hierro,
magnesio, zinc, cobre, etc.) parece ser que no tiene efectos beneficiosos probados
sobre el rendimiento, a pesar de la amplia utilización en determinados deportes,
salvo que exista una carencia. Una dieta equilibrada, con una cantidad adecuada
de verduras frescas, aporta la cantidad necesaria de minerales.
El uso no controlado de vitaminas y minerales puede afectar
a la salud, ya que aparte de los efectos negativos específicos, se producen interferencias
entre ellos pudiendo, el exceso de uno de ellos, impedir la absorción de otro. El
uso de estos suplementos debe hacerse bajo control médico.
Ayudas ergogénicas
Ayudas ergogénicas son aquellos productos o elementos que
añadidos a la dieta contribuyen a aumentar el rendimiento. La principal ayuda ergogénica
es el agua. Los suplementos de proteínas, aminoácidos y carbohidratos también pueden
considerarse como ayudas ergogénicas. Otras ayudas ergogénicas las pueden constituir
algunas vitaminas y minerales, pero estos suplementos, por lo general, sólo surten
efecto cuando se da una carencia previa, motivada por el esfuerzo excesivo unido
a una nutrición inadecuada.
La dieta del
ciclista
La nutrición es tan importante para el ciclista como lo es
el entrenamiento, ya que aporta todos los elementos necesarios que el cuerpo necesita
para soportar el esfuerzo que exige el entrenamiento deportivo. En el caso de existir
problemas de peso (exceso o falta) o alguna enfermedad, el régimen alimenticio debe
estar supervisado por un médico. La utilización de suplementos (vitaminas, minerales)
y medicamentos debe realizarse también bajo control médico, ya que su uso inadecuado
puede producir efectos no deseados.
Estructura básica de la dieta
de entrenamiento
DESAYUNO
El desayuno es la comida fundamental del deportista. Debe
aportar una gran cantidad de hidratos de carbono para el esfuerzo diario.
Es conveniente ir alternando diferentes tipos de desayunos.
1.- Papilla de cereales (mejor integrales):
Comprada de marca comercial o hecha en casa mezclando diferentes
harinas de cereales integrales que pueden encontrarse en las tiendas de dietética.
Se pueden preparar cociéndolas durante unos 10 minutos en
agua y añadiendo después leche de almendras concentrada o leche de vaca concentrada.
La cantidad de harina a utilizar oscila entre 6 y 10 cucharadas soperas. (Las harinas
se disuelven mejor en agua fría que caliente). Debe removerse constantemente. También
se pueden preparar en leche normal directamente en vez de en agua. Algunas papillas
comerciales son instantáneas (lo indica en el paquete) y no requieren cocción. Añadir
después miel, azúcar, pasas, etc.
2.- Leche con tostadas:
Un tazón grande de leche (de vaca, cabra, almendras, soja,
etc., que puede irse variando) con tostadas de pan (mejor integral) 4 tostadas grandes
con mantequilla (poca cantidad), mermelada, miel o aceite de oliva.
3.- Yogurt con frutas:
Tres yogures blancos, comerciales o caseros, acompañados de
fruta variada que una vez troceada pese de
150 a
200 g
. Puede acompañarse de algún fruto seco, orejones o pasas. Evitar que haya mucha
cantidad de plátano o de naranja.
4.- Copos de cereales:
Mezclar
100 g
de copos de cereales con agua o leche (en cualquiera de sus variedades) y poner
a calentar, una vez llegados a la ebullición poner a fuego lento 10 - 15 minutos.
Endulzar con miel y añadir frutas frescas o frutos secos. Si los copos de cereales
(o arroz inflado, etc.) están tostados (Kelloggs, etc.), se toman directamente del
paquete.
Todos los desayunos pueden acompañarse de un zumo de naranja
natural o de otras frutas y verduras (preparado con licuadora), por ejemplo, zanahoria
con manzana, manzana con remolacha, uva, uva con manzana, etc. También puede tomarse
una o dos piezas de fruta.
Cualquiera de los anteriores desayunos debe
tomarse con unas 2 horas de antelación al comienzo de la actividad física, para
permitir una buena asimilación. Es imprescindible el comer pausadamente, masticando
e insalivando bien el alimento. Las cantidades citadas son aproximadas, dependiendo
del apetito pero debe tenderse a hacer un desayuno abundante.
ALMUERZO
1 bocadillo al gusto
1 pieza de fruta
COMIDA
Incluir un plato de arroz o pasta, o judías, garbanzos, etc.
Incluir ensalada y una ración bien de carne, bien de pescado.
2 piezas de fruta
MERIENDA
Un bocadillo mediano al gusto
Fruta
1 batido de proteínas
CENA
Igual que la comida, pero sin incluir legumbres (lentejas,
etc.,). Puedes tomar patatas, arroz o pasta.
Incluye una ensalada variada
Incluye un postre dulce (natillas, flan, arroz con leche,
torrijas, etc) y una pieza de fruta.
Recomendaciones dietéticas
básicas
·
Eliminar de la dieta todos los embutidos, fiambres
y patés, salvo el jamón y el fiambre de pavo.
·
Reducir el consumo de cerdo, incluido el jamón
y la carne aunque sea magra. Sustituirlo por hígado de cordero, pescados, carne
de caballo, etc.
·
Eliminar de la dieta los dulces comprados (magdalenas,
pastas, etc.,) por su contenido en grasas animales y azúcares refinados. Sustituirlos
por tostadas con mantequilla y mermelada o preferentemente por muesli, cereales,
etc.
·
Aumentar el consumo de cereales y legumbres:
Arroz, espaguetti, lentejas, garbanzos, judías, etc.
·
Aumentar el consumo de verduras frescas: lechuga,
tomate, zanahoria, brotes de soja, etc. en ensaladas que pueden completarse con
verduras en lata, maíz dulce, remolacha, col morada, etc. y atún o queso fresco,
etc.
·
Realizar cinco comidas al día: desayuno, almuerzo,
comida, merienda y cena.
·
El desayuno debe ser fuerte, con un importante
consumo de cereales, fruta fresca, leche, yogur, zumo de naranja, etc.
·
En la comida tomar verduras frescas y pastas,
arroz o legumbres y algo de carne o pescado y fruta.
·
En la cena realizar el mayor consumo de proteínas
del día: huevos, carne, hígado, pescado, etc., con verduras hervidas o fritas: patatas,
guisantes, habas, alcachofas, espinacas, acelgas, etc. y fruta.
·
Todos los cereales(arroz, espaguetti, macarrones,
pan, etc.) deben ser preferentemente integrales, ya que su digestión es más lenta
y su aprovechamiento directo más eficaz.
Después del entrenamiento intenso...
Inmediatamente después de entrenar:
Una bebida isotónica
A elegir dos cosas de entre:
1 ó 2 piezas de fruta.
50 gr. de chocolate con galletas integrales.
1 yogur con miel o un vaso de leche entera con miel.
1 ó 2 barritas energéticas
1 batido energético
a las 2 horas,
(o antes) una comida, que debe incluir:
arroz, pasta o patata
pan
fruta (plátano, pera, etc.)
para beber: zumo de naranja o de frutas y agua
Recomendaciones dietéticas
para control del peso
En el caso de que se desee establecer un control sobre el
peso es imprescindible compaginar las actuaciones sobre la alimentación con el entrenamiento
a un volumen e intensidad adecuados. Cualquier dieta que implique una reducción
notable de calorías es conveniente que sea supervisada por un especialista. En general
es mejor observar determinados pricipios de la nutrición y practicar regularmente
ejercicio que someterse a drásticas dietas que con toda seguridad van a provocar
una disminución del rendimiento y en muchos casos algún otro problema adicional.
Las recomendaciones siguientes pueden ayudar a controlar el
peso sin necesidad de implicarse en regímenes rigurosos ya que intentan promover
la adquisición de hábitos alimenticios saludables más que provocar un descenso notable
del peso corporal.
Alimentos
prohibidos
Alimentos con elevado contenido de sal
Anchoas, atún. sardinas, etc. en conserva
Salazones (mojama, bacalao, etc.)
Queso curado
Embutidos y fiambres, excepto jamón (longanizas, chorizo,
salchichón, etc.)
Aceitunas y frutos secos con sal (almendras, cacahuetes, pipas,
etc.)
Ketchup, mostaza y salsas saladas
Tomate frito enlatado
Alimentos con elevado contenido en grasas animales
Leche entera (utilizar siempre desnatada)
Conservas de carne, patés, etc.
Yema de huevo (máximo
2 a
la semana)
Mantequilla
Nata
Todos los fritos
Alimentos
de consumo limitado
Frutos secos (nueces, avellanas, almendras, higos, orejones
,etc., máximo de 100 gr. a la semana (deben tomarse porque aportan vitaminas y otros
nutrientes).
Jamón (serrano y de york): máximo
100 gramos
a la semana
Plátanos, higos, uva (máximo 1 ración a la semana)
Aceite (siempre de oliva): 2 cucharadas soperas (30 g) al día, incluido el que
se utilice para cocinar.
Miel: 3 cucharadas soperas al día
Azúcar: 2 cucharadas soperas, rasas, al día
Alimentos base de la dieta de control de peso | Grupo 1. Productos lácteos | Grupo 2. Legumbres | Grupo 3. Frutas | Leche desnatada (1/2 l.) Yogur desnatado (2 ) Queso fresco sin sal (75 g) | Garbanzos: 50 g Lentejas: 50 g Judías: 50 g | Fresas Manzanas Naranjas Peras | Sandía Melón | Grupo 4. Verduras | Grupo 5. Cereales (preferentemente integrales) | Grupo 6. Carnes, pescado, huevos | Zanahoria Remolacha Tomate Cebolla Lechuga Pepino Patata 100 g | Espagetti 75 g Macarrones 75 g Arroz 75 g Pan 125 g Copos de cereales 75 g | Huevos 3 claras (máx. 2 yemas a la semana)
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